Los roles del autor y del espectador

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Abordamos en este módulo el net.art desde la problemática de la autoría. Mostraremos como el papel del autor de la obra de arte ha cambiado a lo largo del tiempo. Señalaremos algunas manifestaciones artísticas del siglo XX centradas en la problemática del concepto de autor y analizaremos los condicionantes que impone el medio en las actuales producciones en red. Finalmente comentaremos algunos sites de net.art que inciden en este tema.

Los roles del autor y del espectador han cambiado a lo largo de la historia y este cambio ha estado sujeto a la evolución de los modos de creación y de producción en relación al contexto cultural y socioeconómico. Una breve aproximación al tema de forma arbitraria y sin ánimo de exhaustividad nos proporcionaría algunos momentos históricos especialmente significativos en el área de la Europa occidental:


Diagrama sobre autor, espectador/usuario y obra: autoría en un decaedro


  • Antigüedad: aparece el mito del artista puesto que la fama de ciertos artistas perdura más que sus propias obras (Zeuxis, Apeles...). Durante la Grecia clásica ciertas obras se relacionaran con determinados nombres propios pero posteriormente los artistas romanos serán mayoritariamente anónimos.
  • Edad Media: el autor suele ser un artesano desconocido que domina ciertas habilidades técnicas. No suele firmar sus obras y éstas tampoco suelen pertenecer a un espectador concreto sino a un estamento social, básicamente la Nobleza y la Iglesia.
  • Renacimiento: el autor adquiere la categoría de genio y el aura de genialidad. Se trata de un personaje que observa y entiende el mundo que le rodea mediante el estudio de distintas disciplinas (geometría, óptica, anatomía, fisiología, alquimia...) y cuyo conocimiento cristaliza en la obra de arte. Suele actuar por encargo siguiendo ciertas reglas definidas por la tradición y por sus mecenas (familias poderosas, comerciantes...) y suele disponer de un equipo de aprendices anónimos para hacer frente a la complejidad que suponen las técnicas empleadas y la envergadura de las obras a realizar. Vasari, siguiendo una tradición basada en nombres propios y en escuelas doctrinales al estilo de las escuelas de los filósofos griegos, propondrá ya en el siglos XVI una historia del arte centrada en las vidas de los artistas.
    Estudiando la literatura artística, Ernst Kris y Otto Kurz han mostrado el proceso de transformación del creador artístico en héroe cultural:

'La idea de la superioridad del artista respecto a sus contemporáneos se expresó de varias maneras. Por lo general esta superioridad no se relacionó directamente con su actividad artística. En cambio se le atribuyen dichos ingeniosos y chistes. En varias ocasiones, la propia personalidad del artista puede haber sido la causa de que el biógrafo haya narrado tales hechos, pero cuando examinamos la gran cantidad de "chistes" atribuidos, por ejemplo, a Giotto, al que aún se recordaba en la Florencia del siglo XVI (Vasari, I:406) o a Miguel Ángel, se ve claramente que el rasgo individual que pudo ser el origen de tales relatos fue utilizado y adornado por el biógrafo con un determinado fin.'
Ernst Kris y Otto Kurz (1979). La leyenda del artista.

  • La escisión de arte y ciencia: a partir del renacimiento se produce una escisión entre el arte, la ciencia y la tecnología. En un principio, la figura del genio aúna al artista, al investigador de las ciencias de la naturaleza y al inventor, pero acaba consolidándose una evolución en paralelo que se prolonga hasta nuestros días: la ciencia se reserva a equipos de investigación que realizan su trabajo en el laboratorio siguiendo el método científico, la tecnología es patrimonio de las oficinas técnicas y de los departamentos de I+D donde los ingenieros desarrollan sus proyectos, mientras que, en contraposición, aparece la figura mítica del artista individualista que crea en la soledad de su estudio siguiendo sus propias obsesiones personales.
    Unos y otros se moverán en un contexto socioeconómico donde acabará primando el beneficio económico a corto plazo y en el cual el espectador de la obra de arte se convertirá cada vez más en un consumidor del mismo modo que la investigación científica estará cada vez más al servicio del uso comercial de la tecnología.
  • Vanguardia y mercado del arte: a lo largo del siglo XX surgen voces críticas en el seno de la comunidad artística que reivindican una forma de arte más cercana a la realidad cotidiana y menos comercial. La aparición de la fotografía y de otros procedimientos de reproducción de la imagen liberan al arte del pesado lastre que suponía el carácter único de la obra. Aparecen muchas lineas nuevas de investigación conceptual y formal. Expresiones como "la muerte del arte" o "la desmaterialización del arte" forman parte del nuevo discurso. Algunos autores intentaran eludir la etiqueta de "alta cultura" pero el mercado del arte, formado por los propios artistas pero también por marchantes, galerías, museos, críticos y coleccionistas, se mostrará muy eficaz para asimilar y mercantilizar cualquier disidencia. El arte continuará siendo elitista incluso pese al propio arte. De todos modos, ciertas tendencias experimentales como las difundidas desde la escuela Bauhaus serán determinantes para la evolución de disciplinas, como son el diseño gráfico e industrial, que hoy en día impregnan la totalidad de nuestro entorno cotidiano.
  • Mass media: a pesar de que la escisión entre arte, ciencia y tecnología continua, con la llegada de los mass media (prensa, cine, TV, radio... ) se hace cada vez más evidente la necesidad de que artistas y técnicos confluyan en equipos de trabajo multidisciplinares que sigan un plan de trabajo estructurado. Al mismo tiempo, las necesidades de estas industrias y su enorme potencial de negocio estimularan ciertos campos de la investigación pura. Destinados a un consumo masivo y pasivo, para estos medios el espectador será un individuo anónimo al que ser necesario seducir mediante las técnicas clásicas de marketing (publicidad, estudios de mercado...). En contraposición y pese a las vanguardias que en muchos casos profesan lo contrario, el Arte con mayúsculas mantendrá en general la figura del genio que crea prescindiendo del público y cuyas obras están destinadas a un disfrute elitista en el ámbito restringido del museo o de la galería..
  • Consolidación de la industria multimedia: la implantación del ordenador personal como objeto de consumo masivo y los avances científicos y tecnológicos que lo acompañan posibilitan la aparición de potentes sistemas multimedia de uso doméstico.
    Los productos multimedia suelen gozar de cierto nivel de interactividad, con lo cual el espectador deja de ser pasivo y empieza a acercase a la obra en función de la riqueza de vivencias que le proporciona. A su vez, el autor o equipo de creación de un producto interactivo debe concebirlo como una obra abierta que podrá ser abordada siguiendo distintos recorridos. El espectador se convierte en usuario. Paradójicamente, el ideal de ciertas vanguardias artísticas (acercamiento a la vida cotidiana, participación del espectador, obra abierta...) se cumplirá en el campo del entretenimiento de masas. Se acentúa el desarrollo de equipos multidisciplinares (creativos, grafistas, arquitectos de información, programadores...) que no sólo deben saber usar la tecnología sino que también deben estar en condiciones de desarrollar nuevas herramientas específicas. La obra se concibe como un producto comercial destinado a un determinado perfil de usuario que es necesario identificar y conocer. Se generaliza el sistema de diseño orientado a usuario, es decir, basado en una investigación previa sobre las necesidades detectadas en el mercado.
  • Digitalización y uso de redes: la digitalización de los propios medios audiovisuales tradicionales y el desarrollo de las tecnologías de la información (Internet, televisión por satélite y por cable, telefonía móvil... ) permiten la personalización y conllevan que el espectador sea individualizado pero al mismo tiempo pueda seguir siendo masivo. La aparición de creaciones interactivas específicas para la red modifica substancialmente los conceptos de autor, obra y usuario puesto que ya no se venden productos sino servicios o experiencias. Los grandes grupos empresariales de la industria del entretenimiento se fusionan con los proveedores de servicios de Internet más populares formando grandes conglomerados. Paralelamente el mercado del arte se ha consolidado como un ámbito de especulación financiera y los museos y galerías se incorporan a la industria del entretenimiento como un competidor más. El arte, la ciencia y la tecnología continúan escindidos, pero dichas disciplinas se relacionan ahora de tal modo que muchos servicios actuales sólo son posibles gracias a su profunda interdependencia.
    No es casual que el Massachusets Institut of Technology edite una revista online llamada Leonardo. En cierto modo el espíritu del Renacimiento está más presente que nunca. Leonardo es una publicación sobre arte, ciencia y tecnología. Este reencuentro entre disciplinas sería impensable no hace demasiado tiempo. Es el hecho de compartir el mismo medio digital y la red el que lo hace posible. Muchos proyectos de net.art se basan en un uso más o menos profundo de las tecnologías de la información, desde el simple aprovechamiento de la red para establecer enlaces basados en documentos HTML, hasta la programación de sofisticados scripts, applets o CGIs.

Proponemos que la evolución del rol del autor y del usuario se plantee en función de cinco dicotomías principales:

creación

Dicotomías del autor y del usuario

autoría
individual
colectiva
modo
intuición
método o plan de trabajo
orientado
a autor
a usuario
usuario
número
individual
masivo
actitud
pasiva
activa


Michel Foucault y Roland Barthes han aportado visiones críticas sobre el mito del autor entendido como genio o individuo superior dentro de la esfera cultural. Este discurso se nutre y al mismo tiempo estimula una cierta tendencia presente en el seno de la comunidad artística según la cual el artista no se caracteriza por realizar una actividad cultural especialmente relevante sino que es la propia cultura la que construye el mito del artista.

Por otra parte, el rol del espectador también ha evolucionado. Los siguientes aspectos no corresponden a fases correlativas sino a roles que pueden llegar a darse de forma simultánea

  • el espectador como receptor pasivo
  • el espectador como participante activo
  • el espectador como parte integral de la creación
  • el espectador como único ejecutor de la obra trabajando sobre un entorno o conjunto de reglas diseñadas por el autor
  • el espectador como consumidor
  • el espectador como usuario
  • el espectador anónimo
  • el espectador como parte de cierto perfil de mercado
  • el espectador como individuo concreto

Hans Georg Gadamer, desde el enfoque que proporciona la estética de la recepción, defiende el papel activo del espectador en cualquier obra de arte, entendiendo que la obra no se completa hasta que no ha sido interpretada (por tanto construida) por el espectador.

Paralelamente a la evolución del papel del autor y del espectador, la concepción de la propia obra de arte también se ha transformado. A partir de lo expuesto hasta ahora resulta fácil deducir que la obra será concebida de formas muy distintas en función de la percepción que el autor y el espectador tengan de si mismos y del otro. La historia del arte nos proporciona interesantes ejemplos, a través de sus obras y de sus polémicas, para comprender cómo los cambios de rol han sido incorporados a la creación cultural.


Imagen:NextMW orange silkCCby modf dvdgmz.gif Seguir: Antecedentes de la disolución del autor en el arte

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